Panamá está entrando en una etapa de definición de su política de inteligencia artificial. El país ha avanzado en la formulación de una Estrategia Nacional de IA y, en julio de 2026, la Autoridad Nacional para la Innovación Gubernamental presentó una Agenda Nacional de Tecnologías Avanzadas que incluye inteligencia artificial, semiconductores y microelectrónica (senacyt.gob)
Estas iniciativas pueden ayudar a modernizar el Estado, mejorar la productividad y atraer inversión tecnológica. Sin embargo, una estrategia de inteligencia artificial no produce automáticamente una industria nacional. Para que la IA genere valor económico dentro de Panamá, también se necesitan empresas capaces de desarrollar soluciones, talento especializado, investigación aplicada, infraestructura de datos, capital de crecimiento y clientes dispuestos a probar tecnologías locales.
Panamá no parte de cero. Cuenta con startups, empresas tecnológicas, instituciones académicas, sectores productivos con necesidades concretas y ventajas en logística, finanzas, comercio y conectividad. El desafío es evitar que la inteligencia artificial se limite a ser una tecnología importada que el país compra y utiliza, sin desarrollar suficientes capacidades para crear, adaptar y exportar soluciones propias.
De la adopción a la creación de valor
La adopción de inteligencia artificial puede producir beneficios importantes aunque la tecnología haya sido desarrollada en otro país. Una empresa panameña puede utilizar IA para automatizar procesos, analizar datos, detectar fraudes, mejorar la atención al cliente o reducir costos.
Pero adoptar una herramienta no equivale a crear una industria.
Conviene diferenciar cuatro niveles:
- Adopción: una organización utiliza una solución de IA.
- Integración: la solución se adapta a procesos, datos y necesidades locales.
- Desarrollo: empresas e investigadores crean productos, modelos o servicios propios.
- Exportación: esas soluciones se venden a clientes de otros mercados.
El primer nivel puede mejorar la productividad. Los tres últimos son los que permiten crear capacidades, propiedad intelectual, empleos especializados y exportaciones.
La pregunta económica no es solamente cuántas empresas panameñas utilizarán inteligencia artificial. También es cuántas podrán convertirse en proveedoras de soluciones, cuántos profesionales participarán en su desarrollo y cuánto valor quedará en el país.
Una política en construcción
Senacyt informó en 2025 que trabajaba con Georgia Tech en la formulación de la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial. El proceso incluyó un diagnóstico de preparación nacional y la identificación de prioridades relacionadas con talento, investigación, infraestructura, datos, gobernanza y desarrollo económico.
En julio de 2026, la AIG presentó la Agenda Nacional de Tecnologías Avanzadas, vinculada con una hoja de ruta gubernamental de inteligencia artificial para 2026-2029. Entre sus componentes se encuentran la interoperabilidad institucional, las capacidades de cómputo, la identidad digital, la capacitación de servidores públicos, la ciberseguridad y el uso de IA en los servicios del Estado (aig.gob).
Estos avances son relevantes porque proporcionan dirección institucional. No obstante, una política pública de IA debe evaluarse por sus resultados, no únicamente por la existencia de documentos, anuncios o programas.
La cuestión decisiva será si la estrategia consigue conectar:
- las necesidades del Estado con empresas tecnológicas;
- la investigación con productos comercializables;
- las corporaciones con startups;
- el talento con empleos especializados;
- la inversión extranjera con proveedores locales;
- la adopción de IA con exportaciones de servicios.
El riesgo de consumir tecnología sin desarrollar capacidades
El riesgo principal para Panamá no es quedarse completamente fuera de la inteligencia artificial. Es participar únicamente como usuario o comprador.
En ese escenario, el país podría adquirir plataformas extranjeras para sus bancos, puertos, hospitales, comercios y entidades públicas. Esa inversión puede generar eficiencia, pero una parte importante del valor asociado con el software, los datos, las patentes, los modelos y las empresas proveedoras seguiría fuera del territorio nacional.
Este resultado no sería necesariamente negativo en cada proyecto. Ningún país desarrolla todas las tecnologías que utiliza. La cuestión es el equilibrio entre adopción externa y creación de capacidades propias.
Una política de alto impacto debería procurar que las grandes inversiones tecnológicas también produzcan:
- formación de profesionales panameños;
- transferencia de conocimiento;
- participación de proveedores locales;
- investigación aplicada;
- pilotos con startups;
- contratos para empresas nacionales;
- protección de datos y propiedad intelectual;
- oportunidades de exportación.
La inversión en infraestructura puede ser un punto de partida. Se convierte en desarrollo tecnológico cuando genera conexiones permanentes con universidades, centros de investigación, empresas locales y nuevos emprendimientos.
El talento determina la escala
La evaluación desarrollada por Senacyt y Georgia Tech identificó la necesidad de fortalecer el talento STEM, la infraestructura computacional y las capacidades de investigación de Panamá.
La inteligencia artificial requiere más que usuarios capacitados para manejar aplicaciones. También necesita ingenieros de software, especialistas en datos, investigadores, expertos en ciberseguridad, diseñadores de productos y profesionales capaces de aplicar la tecnología a sectores específicos.
En Panamá, el reto tiene dos partes. La primera es ampliar la formación local. La segunda es crear un mercado laboral que permita retener a los profesionales.
Una estrategia de talento debe combinar:
- actualización de carreras universitarias;
- educación técnica;
- certificaciones profesionales;
- formación en datos y programación;
- pasantías en empresas;
- investigación aplicada;
- cooperación con universidades extranjeras;
- atracción de especialistas internacionales;
- incentivos para el retorno de profesionales panameños.
La formación no tendrá el efecto esperado si los profesionales encuentran mejores oportunidades únicamente en empresas extranjeras o si deben emigrar para participar en proyectos avanzados.
Las startups como mecanismo de adaptación
En el análisis «Ecosistema de startups en Panamá: retos para crear una economía de innovación» revisamos las barreras generales que enfrenta el ecosistema de startups en Panamá. En el caso de la inteligencia artificial, esas barreras adquieren una importancia adicional porque las startups pueden funcionar como mecanismos de adaptación tecnológica.
Las empresas jóvenes suelen probar soluciones en áreas donde las grandes corporaciones avanzan con mayor lentitud. Pueden desarrollar productos para logística, pagos, comercio exterior, salud, gestión de datos, ciberseguridad o servicios empresariales.
El Global Startup Ecosystem Index 2025 de StartupBlink registra a Panamá en el puesto 86 mundial y señala la financiación como una de las principales áreas de mejora. El informe también indica que el venture capital es escaso y que muchas startups buscan capital en el extranjero (startupsg.gov).
El diagnóstico de la Universidad de Texas en Austin identificó además una relación limitada entre grandes empresas, universidades y startups. El estudio señaló la falta de capital semilla privado después de las subvenciones públicas y las dificultades de las empresas emergentes para acceder a mercados, financiación y clientes.
En el contexto de la IA, una startup no necesita únicamente financiación. Necesita datos, capacidad de cómputo, acceso a expertos, un problema empresarial definido y un primer cliente que permita validar la solución.
El papel de los sectores estratégicos
Panamá posee sectores que pueden convertirse en compradores tempranos de soluciones de IA. La logística, los servicios financieros, el comercio, la salud, las telecomunicaciones y la administración pública generan problemas que pueden abordarse mediante análisis predictivo, automatización y sistemas de apoyo a decisiones.
Las oportunidades pueden encontrarse en:
- predicción de congestión portuaria;
- optimización de rutas y cargas;
- automatización de documentación aduanera;
- detección de operaciones financieras anómalas;
- evaluación de riesgos;
- gestión de inventarios;
- mantenimiento predictivo;
- análisis de demanda hospitalaria;
- telemedicina;
- atención ciudadana;
- ciberseguridad;
- eficiencia energética.
La ventaja de Panamá no consiste en competir inmediatamente con los grandes laboratorios de IA. Consiste en aplicar la tecnología a problemas concretos de sectores donde ya existe infraestructura, demanda y conocimiento operativo.
Empresas ancla y pilotos comerciales
Las grandes empresas pueden acelerar el desarrollo del ecosistema si actúan como primeros clientes y no solamente como patrocinadores de eventos.
Un piloto comercial permite probar una solución durante un periodo limitado y medir si mejora un proceso concreto. Por ejemplo, una empresa logística podría probar una herramienta de IA para reducir tiempos de espera o errores documentales antes de contratarla para toda la operación.
Para que estos pilotos produzcan resultados, deben establecer:
- el problema que se quiere resolver;
- los datos que pueden utilizarse;
- la duración de la prueba;
- los indicadores de éxito;
- las reglas de seguridad;
- la propiedad de los desarrollos;
- el presupuesto;
- las condiciones para ampliar el contrato.
El piloto no debe convertirse en una demostración sin continuidad. Si la solución alcanza los resultados acordados, la empresa debería contar con un mecanismo claro para contratarla o ampliar su uso.
Esta relación también puede beneficiar a las corporaciones. En lugar de crear internamente todas las soluciones, pueden identificar tecnologías externas, probarlas con menor riesgo y participar en su desarrollo.
Investigación, datos e infraestructura
El Global Innovation Index 2024 ubica a Panamá en el puesto 82 entre 133 economías. El país obtiene mejores resultados en infraestructura que en capital humano e investigación. La OMPI también registra un gasto bruto en I+D cercano a 0,18% del PIB, con datos de 2022, y no identifica un clúster panameño entre los 100 principales clústeres científicos y tecnológicos del mundo (wipo).
Estos indicadores no impiden que Panamá adopte inteligencia artificial. Sí, muestran que el país necesita fortalecer las condiciones para desarrollar tecnología propia.
La IA requiere:
- datos de calidad;
- capacidad de almacenamiento y cómputo;
- investigadores;
- protocolos de seguridad;
- infraestructura digital;
- acceso a problemas reales;
- financiación de largo plazo;
- mecanismos para proteger y comercializar la propiedad intelectual.
La gobernanza de datos es tan importante como la infraestructura. Las empresas necesitan saber qué datos pueden utilizar, cómo deben anonimizarse, quién es responsable de un sistema automatizado y cómo se protege la información personal.
Cómo medir si la estrategia funciona
La estrategia nacional debería utilizar indicadores que distingan entre adopción tecnológica y creación de valor.
Indicadores de adopción
- porcentaje de entidades públicas que utilizan IA;
- empresas que incorporan herramientas de IA;
- procesos automatizados;
- reducción de costos y tiempos;
- mejoras en la calidad de los servicios.
Indicadores de capacidades
- graduados en áreas STEM;
- investigadores especializados;
- inversión pública y privada en I+D;
- infraestructura de cómputo disponible;
- proyectos entre universidades y empresas;
- profesionales internacionales atraídos y retenidos.
Indicadores de creación de valor
- capital invertido en startups de IA;
- pilotos comerciales completados;
- contratos con empresas locales;
- patentes y software registrados;
- empleos tecnológicos creados;
- exportaciones de servicios digitales;
- startups que levantan rondas posteriores;
- empresas tecnológicas que expanden sus operaciones desde Panamá.
Una estrategia puede demostrar buenos resultados en adopción y, al mismo tiempo, producir pocos beneficios en propiedad intelectual, exportaciones o empresas locales. Por eso es necesario medir las tres dimensiones.
Conclusión
Panamá tiene condiciones para aprovechar la inteligencia artificial, pero esas condiciones no garantizan por sí solas la creación de una industria tecnológica. La posición logística, la conectividad, las empresas internacionales y los sectores financieros y comerciales ofrecen una base útil. La Agenda Nacional de Tecnologías Avanzadas y la Estrategia Nacional de IA representan pasos institucionales importantes.senacyt.gob+1
El reto es convertir esa base en capacidades productivas. Para lograrlo, Panamá necesita conectar la política pública con talento, investigación, datos, capital, empresas ancla y startups.
El costo de la inacción no sería simplemente utilizar menos inteligencia artificial. Sería permitir que la mayor parte del valor económico —los productos, la propiedad intelectual, las empresas y los empleos especializados— se genere fuera del país mientras Panamá se limita a comprar y utilizar soluciones importadas.
La oportunidad consiste en utilizar la IA para fortalecer sectores donde Panamá ya tiene ventajas y, al mismo tiempo, crear nuevas empresas capaces de exportar tecnología y servicios. La meta no debe ser producir toda la inteligencia artificial dentro del país, sino asegurar que Panamá participe también en su desarrollo, adaptación, comercialización y expansión regional.
Para conocer las barreras financieras, legales, institucionales y empresariales que condicionan este proceso, consulta el artículo pilar: Ecosistema de startups en Panamá: retos para crear una economía de innovación.





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